MADRIGALEJO

Vaya al Contenido

Menu Principal

HISTORIA

MADRIGALEJO: SU HISTORIA.
A lo largo de los siglos, de las décadas y de los años, el espacio que hoy ocupa Madrigalejo y sus alrededores ha sido habitado sucesivamente por una serie de pobladores, cada uno de los cuales fue dejando su impronta de una u otra forma. Y aunque gran parte de sus huellas se ha ido perdiendo con el tiempo -en mayor medida cuanto más atrás nos remontemos-, sí es verdad que se han encontrado algunos vestigios arqueológicos, se han conservado edificios y obras de arte, se han desempolvado documentos que nos atañen, se han escrito libros que hablan de nuestro territorio y de nuestra gente… todas estas fuentes hacen que conozcamos mejor nuestra Historia. Esos restos arqueológicos, esas construcciones más o menos antiguas, esas imágenes, esos retablos… así como las leyendas, los cánticos, los cuentos de antaño, las procesiones, nuestras tradiciones en definitiva, constituyen  nuestro patrimonio. Un patrimonio del que debemos disfrutar y del que somos responsables para que, quienes vengan detrás de nosotros, puedan también disfrutarlo; un patrimonio que tenemos la obligación de conservar y  de mimar, como también serán nuestros sucesores los garantes de transmitirlo a sus descendientes. Y para que esta herencia permanezca, es fundamental conocerla. restos arqueológicos hallados en sus alrededores atestiguan que nuestro territorio fue habitado desde antiguo. Y no es casualidad que estos vestigios, en su mayor parte, hayan aparecido en parajes cuyos topónimos  se refieren a cierto tipo de construcciones allí donde ahora mismo sólo hay campo, indicio claro de la mano del hombre en épocas anteriores. Es el caso de El Castillejo, La Torrecilla de Arriba y La Torrecilla de Abajo. Así, en el mismo cerro del Castillejo se encontró una arracada de oro de factura celta con influencias púnicas, correspondiente a la edad del Hierro, con una datación aproximada del siglo IV a.C. De la misma fecha y también de origen celta son dos ejemplares de la llamada "Cultura de los Verracos", hallados, uno nada lejos del Castillejo (el Verraco de Madrigalejo o de Ruecas), y el otro cerca de la Torrecilla de Arriba (el Toro del Hito).
De época romana eran los restos más abundantes hallados tanto en la Torrecilla de Arriba y como en la Torrecilla de Abajo, aunque lamentablemente estos yacimientos han sido desmantelados. Conocemos de su existencia gracias a la descripción minuciosa que, de los descubrimientos en la Torrecilla de Abajo, se publicaron en el Boletín de la Real Academia de la Historia en 1886, donde nos informan de trozos de mosaicos, monedas, alhajas, candiles, piedras de molino, conducciones de plomo…y de una Diana Cazadora, que actualmente reposa en el Museo Arqueológico provincial de Cáceres. De las huellas romanas de la Torrecilla de Arriba se tiene conocimiento por testimonios más actuales. Aparte de todo ello, son varias las lápidas funerarias encontradas en diversos puntos del término municipal.
Aunque en los escritos antiguos no encontramos nada hasta después de la Reconquista, hay indicios más que suficientes para asegurar que estos lugares debieron estar habitados en aquellos siglos de oscuridad documental. Una columna con su capitel de factura visigoda sostiene el púlpito de la iglesia; una fuentecilla y un molino de reminiscencia árabe, que aseguraban el abastecimiento de agua y de harina a los habitantes del entorno, eran ya puntos de referencia al poco tiempo de terminar la dominación islámica, y una pequeña fortaleza musulmana en lo alto del cerro de El Castillejo, que fue destruida por Isabel la Católica, favorecía la defensa del territorio.
Y es que el primer documento de Madrigalejo, con este nombre, y cuyo contenido atañía exclusivamente a este lugar, está fechado en 1264, tan solo treinta años después de acabar la Reconquista en la zona. A través de este escrito, el rey Alfonso X el Sabio concede al pueblo la merced de su "Dehesa de los Bueyes", para beneficio de sus vecinos. Es un escrito que nos aporta una importante información histórica.
Desde que esta comarca fue liberada del dominio sarraceno y hasta el siglo XIX, Madrigalejo dependerá administrativamente, y a todos los efectos, de Trujillo. Y como Trujillo pertenecía a la Corona, todo su territorio era tierra realenga y, por tanto, también nuestra localidad. Puesto que, en el proceso de "repoblación" del área trujillana, las tierras se repartieron entre las principales familias de la ciudad, aquéllas que habían destacado en su reconquista, fue a la familia Vargas a quienes tocó en suerte la propiedad de una gran extensión de terreno en los alrededores de Madrigalejo, incluida la fortificación musulmana situada en El Castillejo (tristemente famosa porque un miembro de esta familia, García de Vargas, que había organizado una cuadrilla que cometía toda clase de tropelías por la zona y estaba alineado en el bando de la "Beltraneja", se hizo fuerte en este baluarte frente a Isabel la Católica, que decidió dar un escarmiento y mandó derribarla en 1477). Y junto a la familia Vargas, a partir del siglo XIV, el monasterio de Guadalupe también marcará la actividad en Madrigalejo, pues se hizo con un importante patrimonio en la localidad. Es a este monasterio a quien pertenecía la Casa de Santa María, típica casona de labranza, construida a finales del siglo XIV y destinada a dirigir los negocios agrícolas que poseían los frailes en los alrededores. Pero por lo que nos interesa fundamentalmente este edificio es porque aquí recaló muy enfermo el rey Fernando el Católico, aquí firmó sus últimos documentos, incluido su testamento, y aquí murió el 23 de enero de 1516. Tras su muerte, el cadáver fue conducido a Granada para ser sepultado junto a la reina Isabel la Católica. La Casa de Santa María fue declarada  Monumento Histórico-Artístico de carácter Nacional en 1980.
Cuando sucedieron los hechos de la muerte del rey Fernando, el templo parroquial de San Juan Bautista estaba recién estrenado, pues la fecha de 1515 aparecía grabada en la torre de la iglesia, según testimonio escrito del Padre Fita y Colomé en la página 168 del tomo X del Boletín de la Real Academia de la Historia, en 1887. Para su construcción, fueron aprovechados los materiales resultantes de la demolición del castillo de los Vargas. Es éste el edificio de mayor empaque del pueblo. Consta de una sola nave, dividida en cinco tramos por pilastras que sostienen sendos arcos fajones. Cada uno de los tramos se cubre con bóveda de aristas. La cabecera, de planta cuadrangular, se cubre con bóveda de cañón rebajado.
En el exterior, el juego de luces y sombras que generan los contrafuertes proporciona cierta plasticidad a una construcción de aspecto robusto y con escasez de vanos. La torre-campanario, adosada al edificio a los pies, rompe la horizontalidad  del conjunto. La joya de su interior es el retablo mayor, obra renacentista con una profusa decoración plateresca, fácilmente datable por la presencia del escudo del obispo de Plasencia D. Gutierre de Vargas Carvajal, que ocupó la sede placentina entre los años 1524-1559. Sin embargo, las tablas al óleo y la mayor parte de las esculturas de bulto redondo que contiene el retablo son de épocas posteriores. Entre ellas destacan la imagen de San Juan Bautista y la pintura en lienzo de un San Francisco. Fuera ya del cobijo del retablo, merece ser destacado el Cristo de la Victoria, de factura tardo-gótica, y otro Cristo más pequeño.
De los últimos años del siglo XVIII es la ermita de Nuestra Señora de las Angustias; pequeño edificio de arquitectura popular que contiene en su interior las imágenes de la Virgen de las Angustias, del Rosario y de Cristo Resucitado (estas dos últimas son las protagonistas de la célebre Carrerita).

A finales del siglo XIX y principios del XX, y como consecuencia de las leyes desamortizadoras, al ser adquiridas las posesiones que antaño fueron del monasterio de Guadalupe por varios propietarios, Madrigalejo debió experimentar un importante auge económico y muestra de ello son las casas-palacio de estilo modernista que se construyeron durante este periodo, que hermosean su plaza y las calles adyacentes.
Por último, de todos es conocida la historia más o menos reciente: nuestros mayores sufrieron las duras consecuencias de vivir en el mismo frente durante la Guerra Civil; de igual forma padecieron las congojas de la época de posguerra, en especial las más intensas del tristemente famoso "Año del Hambre"; vivieron el boom económico y demográfico de los años que duró la construcción del Canal de Orellana; asistieron a la sangrante emigración una vez terminadas las obras, y por último, fueron testigos de todos los cambios (políticos, económicos, sociales, tecnológicos…) acaecidos en los últimos cincuenta años. Concretamente, en lo que respecta al ámbito socio-económico, la introducción del regadío dio lugar al paso de una agricultura autárquica a la agricultura comercial que hoy prevalece y a la consiguiente transformación del paisaje.
Guadalupe Rodriguez Cerezo.

Regreso al contenido | Regreso al menu principal